jueves, 30 de octubre de 2014

EL TABERNÁCULO




     En hebreo, ojel que significa tienda; y miscan que significa morada). Tienda de campaña, santuario portátil que cobijaba el arca del pacto. Sirvió a Israel desde su construcción en el Sinaí (Ex 19.1), hasta la construcción del templo de Salomón.

     Se le conoce por los siguientes nombres:

1. Tabernáculo (en hebreo, morada), Ex 40.34, 35.
2. Tabernáculo del testimonio, tal vez como referencia al arca que guardaba las tablas de la ley.
3. Tabernáculo de reunión (Ex 40.34–35), para indicar que era el punto en torno al que se debía congregar Israel.
4. Casa de Jehová (Ex 34.26).
5. Tabernáculo (en hebreo, tienda) de Jehová (1 R 2.28). Simbolizaba esencialmente la presencia de Jehová en medio del pueblo. Cuando Israel adoro el becerro de oro y despertó así la ira de Jehová, Moisés saco el tabernáculo fuera del campamento (Ex 33.7), simbolizando así el alejamiento de Dios. Cuando se reanudo la marcha del pueblo nuevamente consagrado a Jehová, el tabernáculo se instalo en medio, con seis tribus delante y seis tribus detrás (Núm. 2.17).

a)   Modelo del tabernáculo según su probable aspecto después de construido en el desierto.

       A este simbolismo de la morada de Dios en medio de su pueblo (Ex 25.8) se hace referencia al hablarse de la encarnación del Verbo que habito (en griego, puso tabernáculo) entre nosotros (Jn 1.14). El libro de Éxodo, especialmente en los caps. 25–31, describe con lujo de detalles los materiales empleados y las dimensiones básicas. El tiempo y las guerras destrozaron el tabernáculo original.
      De ahí que hubo necesidad de un segundo tabernáculo en tiempos de David (2 S 6.17). En el pacto de Dios con David, Dios le recuerda que ha andado en tienda y en tabernáculo (2 S 7.6; 1 Cr 17.5). El tabernáculo se construyó principalmente con materiales que se encontraban en el desierto, complementados con el producto del despojo de los egipcios al efectuarse el éxodo. Lo cubrían tres cortinas (Ex 26). La primera se componía de once piezas tejidas de pelos de cabras, cada una media trece metros y medio de largo por un metro ochenta de ancho. Con ella se formaban dos grandes paños de cinco y seis cortinas, respectivamente, que se unió con lazadas y corchetes. La segunda cortina estaba formada con pieles de carnero teñidas de rojo. La tercera estaba hecha de pieles de tejones (halicore dulong), mamífero marino que abunda en el mar Rojo.

     Estas dos últimas cubiertas median dieciocho por trece metros y medio cada una. La primera cortina, pues, era un metro ochenta más extensa que las dos últimas. El recinto del tabernáculo tenía trece metros y medio de norte a sur. Las paredes de cuarenta y ocho tablas estaban recubiertas por láminas de oro y las sostenían cuarenta basas de plata en los costados y dieciséis en los otros dos lados. Exteriormente la cubrían diez cortinas de lino torcido, azul, purpura y carmesí y con adornos de querubines bordados. Estaban unidas entre sí en dos paños de cinco cortinas cada uno.

      El recinto estaba dividido en dos partes (Ex 26.31–33), separadas entre sí por un velo de cuatro colores artísticamente tejido y adornado con querubines. El velo, por medio de anillos de oro, colgaba de cuatro columnas de acacia cubiertas de oro. A un lado del velo estaba el Lugar Santo. En el estaban el altar del incienso en el que se ofrecía el incienso cada mañana y tarde (Ex 30.6–10; 40.26, 27; 30.7, 8), la MESA de los panes de la proposición y el CANDELERO de oro. Al Lugar Santo solo podían entrar los sacerdotes (Heb 9.6).

      Detrás del velo estaba el Lugar Santísimo donde solo el sumo sacerdote podía entrar, y eso solo una vez al año (Heb 9.7). Allí estaba el arca (ARCA DEL PACTO) cubierta con el propiciatorio sobre la que había dos QUERUBINES de oro en actitud de adoración.

    El tabernáculo estaba diseñado para desarmarlo y transportarlo cuando las circunstancias lo requirieran. Esto era indispensable en la marcha por el desierto y aun en Canaán. El tabernáculo lo armaban en un patio o ATRIO cuadrangular de unos 45 m por 22.50 y se orientaba de este a oeste (Ex 27.18). El atrio no tenía techo, estaba limitado por 60 columnas de metal con capiteles de plata fundados sobre basas de cobre (Ex 38.10, 17, 20). Estas columnas servían para colgar las cortinas que cercaban el atrio y que eran de lino blanco torcido (Ex 27.9; 38.9, 16), salvo la parte oriental que era de lino torcido de colores azul, purpura, carmesí y blanco (Ex 27.16; 38.18).

     En este patio estaba el ALTAR del holocausto delante de la entrada del tabernáculo (Ex 40.6). Entre el altar y el tabernáculo estaba la FUENTE de las abluciones. El sacerdote ofrecía el sacrificio sobre el altar, se purificaba en la fuente y luego podía entrar en el Lugar Santo (Ex 40.7). Se estableció un orden para que las tribus acamparan en torno al tabernáculo. Tres tribus acampaban a cada lado. La tribu del centro de cada trio servía para dominar su lado: Judá al este, Efraín al oeste, Rubén al sur y Dan al norte. Este orden sugiere una disminución de santidad desde el centro hacia el exterior. En el centro espiritual del tabernáculo, el Lugar Santísimo, sobre el arca, estaba la silla de la misericordia (propiciatorio); después, fuera del velo, el Lugar Santo; después, el patio. Luego, fuera del patio estaban primero los sacerdotes y los levitas, y finalmente el campamento principal.

      El mismo simbolismo se ve en el uso de los metales. En el Lugar Santísimo se uso oro fino para simbolizar santidad. De allí hacia el exterior, a medida que se aleja del centro de la presencia de Jehová, se disminuye la santidad, la que esta simbolizada por el uso de metales de calidad decreciente: oro fino, oro ordinario, plata y finalmente bronce.
     También hay cierto simbolismo numérico como: el 3, divinidad; el 4, humanidad, el 7 y el 10, perfección, calidad de completo. Esta perfección y santidad gradual explica por que el pueblo pudo llegar solamente hasta el patio, los sacerdotes hasta el Lugar Santo y solo el sumo sacerdote al Lugar Santísimo.

     La columna de fuego en la noche o de NUBE en el día era lo que dirigía los movimientos del tabernáculo. Si el tabernáculo debía permanecer estacionado, la nube se ubicaba sobre él. Si había que marchar, la nube se elevaba y marcaba el rumbo a seguir hasta cuando su detención señalaba la llegada a una nueva estación. Al tener que levantar el campamento, los sacerdotes desarmaban el tabernáculo y lo cubrían cuidadosamente, y los levitas lo transportaban según un orden establecido (Núm. 3.25–37).

      La Epístola a los Hebreos da una interpretación inspirada del tabernáculo y su
Simbolismo (Heb 8–10). Juan alude al simbolismo de la presencia de Dios en medio de su pueblo cuando dice literalmente que el Verbo puso tabernáculo entre nosotros (Jn 1.14). En la visión final de Ap. 21.3, aparece nuevamente la idea de Dios morando definitivamente con los hombres. La suprema realidad de su presencia supera la necesidad de descripción de su morada (Ap. 21.22).

b)   Fiesta de los Tabernáculos

       Era una de las tres grandes fiestas que se celebraban anualmente en Jerusalén. A ella debían concurrir todos los israelitas varones (Ex 23.14, 17; Dt 16.13–16). Se le llamaba así porque las familias debían habitar durante siete días en tabernáculos o cabañas de ramas y hojas de árboles. Se construían en los techos de las casas, en los patios, en el atrio del templo y aun en las calles. De ese modo recordaban que habían habitado en tabernáculos durante los años de peregrinación en el desierto (Lev 23.43). Todos debían regocijarse delante de Jehová por la protección sobre su pueblo y por la cosecha de los frutos de la tierra.

       La Fiesta de los Tabernáculos se celebraba desde el día 15 al 22 del séptimo mes, fin del año agrícola, cuando se recogían las cosechas de los cereales: el trigo y la cebada. El primer día y el octavo se declararon días de reposo: nadie debía trabajar en ellos. En los sacrificios públicos se ofrecían dos carneros y catorce corderos, en cada uno de los siete primeros días, juntamente con trece novillos el primero, doce el segundo, once el tercero, diez el cuarto, nueve el quinto, ocho el sexto y siete el séptimo. El octavo día se ofrecía un novillo, un carnero y siete corderos, con los presentes y libaciones correspondientes (Lev 23.33–43). Se tenía la costumbre de leer la Ley cada séptimo año durante el primer día de la fiesta (Dt 31.10–13).

      Después del cautiverio, se añadió la ceremonia de derramar agua mezclada con vino, En el sacrificio preparado, sobre el altar, como símbolo de gratitud por la provisión de agua en el desierto (Is 12.3). A esta ceremonia parece que aludió nuestro Señor, cuando en el último día de la fiesta dijo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba (Jn 7.2, 37, 38). En la época de Jesús el atrio del templo se iluminaba en el primer día de la fiesta (Jn 8.12), y aun los venerables rabinos ejecutaban allí una danza de antorchas.

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